Rojo.

Había momentos
grandes,
donde la belleza
me asustaba
y retrocedía
para mirarte de nuevo.
Pero te perdí,
en un día
como ayer.
Donde la lluvia era
hoy.
Desde entonces yo era una mujer de distintos rostros,
y hoy sólo puedo ver que soy
el rojo en la pared
escurriendo
asesinatos.
Y pienso que,
deberías quererme un poco,
tratar de vencerme
a mí y a mis tristes sueños
donde la misma ciudad,
es siempre,
Damac, la ignota arena
que sabe a treinta y tres años,
y a nada luego porque
la haces olvido y
me voy, porque mira
ya son casi,
cinco minutos antes
del fin del mundo.
Y me hace falta
salvar a mi ciudad.
















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