23.2.07

El corazón.


.
Te abrazo,
tu corazón envuelto con manos
lo abrazo,
medito la tierra en el silencio,
me desnudo y nos abrazamos.
.
La garganta la rodeo
de brazos,
con mis largos brazos como longevas
ramas de aire,
me rodeo el cuello,
con las uñas de ceniza oscura
me cavo una ciudad,
en esa ciudad,
me rompo
el cuerpo.
.
Recibo la luz como luciérnaga,
como animal feliz,
olfateo el hambre,
limpio tu piel amablemente,
hago la paz,
y se hace de nuevo el hombre.

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22.2.07

Tía Chofi/Jaime Sabines.

17.2.07

Quiéreme.


Vine a soñar un cuento.
Será como pocos,
para contarle a quien quiera
saber algo de mis venas.
Hoy es una noche de febrero,
hay espinas de tamaños imposibles,
alguien fuma en la esquina
y no hay luz,
la piel brilla sin descanso
¿estamos solos en el mundo los solitarios?
¿cuántos fantasmas soñarás esta noche?
piernas, caballos que erosionan la calle, almas
rotas
y viento
putrefacto.
¿Quieres ser mi cascada esta mañana?
¿amanecernos sonámbulos de odio?
Estoy sola
caminando sin pies
desalada
puedes descifrarme
soy dos palabras:
Agua y sed al mismo tiempo en que ocurre la lluvia.
No tengas sueño,
sólo rabia
y a veces ten piedad de mi cuerpo
que no hace sino cavar profundo hasta la última tierra
donde podría ser un grano de nube o
paz,
calor,
o un cadáver.
Igual los muertos responden con palabras verdaderas.
Fui luz,
cansada hace siglos de ser un fotón
viajando de país a país
en cuatro camas de aire,
con larvas extraviadas.
Sueño.
No tengo sueños
pero puedo hacer uno
con restos de polvo,
afuera comienzan a caer chispas
de agua saturada en neblina,
volvió la luz desesperadamente,
porque se había internado
en el fondo de un agujero negro,
¿cuántas horas faltan para marzo?
¿cuántos pedazos de tristes lágrimas me ocurrirán hoy?
No me quieras,
pero quiéreme aunque sea una parte equivocada
de este espacio,
quiéreme abyecta,
coge tu amargo silencio y dame un vaso con agua,
no me quieras,
tengo sed,
y no hace calor.

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13.2.07

Mi triste ciudad.

Porque nunca llegaste
al sitio que soñé
donde los brazos hacían raíces
y tú eras el árbol franco
donde recargaba estas ásperas venas
cargadas en rocío de muerte.
Ya no volviste, noble alma
con tus ojos de Dios
a revivirme
de esta ruina mortal ensayando en mi cuerpo,
cada día de levantarme a ver si te imaginaba
imaginario,
brotando sangre en el alvéolo
donde te viví una ciudad de agua enamorada.
Estas canciones no suenan a nada,
se adhieren a las paredes y crece el moho rencoroso.
Más triste que esta noche no habrá ninguna
porque la muerte ha habitado cada parte
blanda donde supuran cenizas sobre la llamas de
Damac.

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10.2.07

Song Blue.


















Cuando todo el mundo quiere herirte

haces como que sonríes
y piensas que no estás sólo,
bajas tu rostro,
y miras que la tierra se mete a tus zapatos,
pero no lastima demasiado la arena fría
y no todo está perdido,
pierdas o ganes un amigo

todo será siempre mejor que un triste sueño.
Él amó la belleza de una mujer, y luego la de otra
caminó hasta donde ella estaba,
-sin saber que sus ojos llorarían por siempre-
la soledad que va a compañada de un simple rostro
que parecía una rosa y él se fue eternamente.
Quiso ser amado por doncellas,
cubierto por las pieles blancas y suaves,
pero la noche nunca llegó para sí mismo
porque las princesas nunca regresan
sin haber partido de un palacio.
Todos sus sueños eran iguales,
y nunca tuvo una mirada para mí,
porque yo sólo sé que el amor
no iba de su lado,
y así marchó,
ligero de alma,
manejando en la noche entre humo y pensamientos
que lo conducían a un mismo lugar,
entonces siempre retornaba al mismo sitio
de alas de mariposas sedientas de consuelo
y fáciles palabras que lo hacían volver
en matices cada segundo.
Yo me iré,
queriendo olvidar todo poco a poco,
como si hubiese sido sólo un segundo
el que ocurrió,
mientras lo quería cerca de mí,
ahora que todo el mundo duerme,
yo me entierro
de soledad infinita.

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5.2.07

Atrapa la palabra.


Llegaste,
pequeñito como una luz
pedacito de algo,
así como lumbre en mi escondite,
amada calma,
cielo sol cielo sol

me cabías en una mano,
suave como espuma,
te soplaba con el corazón,
y volabas bien lejos
y te atrapaba con mi lengua

y absorbía tu piel de arena.
Entraste un miércoles en mi sueño nocturno,
en mi siesta de los sábados,
estabas dando sonrisas al mundo,

y yo me quedaba quieta,
cruzaba los brazos,

me ponía tensa
y me dolía el cuerpo.
Soñaba que me querías
y era feliz,
como las enredaderas.

Tus ojos alegres,

ánima hermosa

llenaba de soles mi habitación,
cada milimétrico azul de las paredes
se hacían lluvia,
y no lloraba entonces,
pues cabías en mi mano,

como un trozo de terciopelo brillante
y me lo llevaba a la boca,
y ya eras casi todo mío.

Y llovía entonces
afuera del mundo,
del universo,

de los hoyos negros,

y te quería más,
como si fuera cierto que hubieses sido mío.

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4.2.07

Yo he.

Yo los he visto
suicidarse con las palabras,
arder sus dedos dentro de lo invisible
conjugarse los cuerpos todas las noches,
en vela,
como semidioses
arder en el cielo nauseabundos.

Los he escuchado,
susurrar palabras cristianas,
hacerse hijos el uno al otro,
replantearse la pregunta:

¿para qué?

Todos ellos perdidos en la sustancia
del equilibrio que provoca
el sexo hambriento,
festivo y
equivocado.

También por las mañanas sucumben
ante el sol que viene del otro lado ya tarde,
pues he mirado sus bocas desdentadas,
quedarse sin aliento por días y tardes largas
caminar civilizados por las calles
siempre con el rostro pegado al suelo,
tejiendo hileras de hormigas que dirigen
sus cuerpecitos marrones al fin del mundo,
con sus zapatos nuevos.

He visto el placer que provoca,
sumirse al abandono,
ese hermoso y oscuro entierro
donde lloran las flores la muerte de los huesos,
se pierden entre la tierra,
se entregan a la orfandad de las montañas de tierra sobre más tierra,
y mueren,
delicadamente
sobre la vida de alguien,
que muere también de muerte
encima de una ola gigantesca.

Es el suicidio el que nos mata
día a día
en cada palabra escrita,
donde el poema le da muerte
a la vida.

Naturalmente,
algunas veces se falla,
porque los he escuchado ahogarse,
y recuperar el aire que se había escapado
de los pulmones erizados hacia el valle
desesperanzador,
confuso
daltónico
moribundo.

Bella luz difusa
origen del mal sueño,
con estos cuchillos
de dos ojos en vigilia,
los he asesina
do diez veces,
hasta morirlos de muerte
herirlos de vida,
vaciarlos de sed;
soñarlos de tanto soñar.

Yo los conozco,
he sido parte de ellos,
alguna vez en mi vida
fui salvada también.

Dedicado a Sabiduría de Lobos.

1.2.07


¿Qué pasaría si destruyes este lenguaje
que sé casi sin verte?

Dentro de tres segundos
morirá
asfixiado,
y el mundo,
seguirá cantando
las mismas
canciones
que yo no entiendo bien
pero igual será el fin,
de alguna cosa,
que renacerá en otra,
una piedra sobre una piedra,
un sol que serpentea
la luz de tu ojos,
una mariposa que avienta
sus alas
hacia el norte.
¿Qué se yo?
Si miro al sur,
no estás,
si
me miro,
no estoy.
¿Qué pasará si en vez de no quererme,
me quisieras?